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martes, 15 de marzo de 2011

LO INCONSCIENTE EN LAS ELECCIONES

En toda elección hay factores subjetivos. Aquí algunos señalamientos sobre cada candidato:

TOLEDO. Las emociones que no se recuerdan están condenadas a repetirse compulsivamente. Toledo emergió al éxito desde la pobreza y su condición de ser el octavo de 11 hermanos. Saltó desde el fondo del pozo y de la angustia inimaginable de la pobreza extrema. No ha procesado el trauma; por eso, cada vez que sube un escalón, yerra inconscientemente para volver a bajar. Se le cuestiona Punta Sal y allá fue en diciembre. El viernes pasado se metió al mar contra las normas de Defensa Civil. Su mayor enemigo: su aspecto autodestructivo.

KEIKO. Posee la omnipotencia del padre (que esconde impotencia). No tiene en cuenta la intuición –que es la inteligencia del inconsciente– de los electores. Dice: “Yo sé que mi papá no sabía que Montesinos era un delincuente”, y piensa que es creíble. Igual cuando Montesinos le inicia juicio por difamación agravada. Para ser candidato es necesario tener identidad propia. No basta asumir los logros económicos del padre. Se necesitaría honestidad y entereza para reconocer lo peor del progenitor y diferenciarse. Caso contrario, es el mismo padre pero en la persona de la candidata.

CASTAÑEDA. En su infancia solo tuvo figura paterna y este fue alcalde de Chiclayo. ¿De allí su obsesión por el poder? ¿Para no sufrir la carencia materna se vio obligado a desalojar de su mundo interno la ternura y la sensibilidad, reemplazándola por la frialdad propia del cemento o de una computadora? La ausencia de emoción es su talón de Aquiles. No se da cuenta de que en los electores intervienen procesos inconscientes –ocultos– y que estos se enganchan con las emociones auténticas que transmite un candidato. Carece de ternura y de compasión. Y eso es justamente lo que un país tan lleno de injusticias requiere. No bastan los programas.
(continuará)



Escrito por Carmen González

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